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DIGNIDAD

Esa es la primera palabra que viene a la mente cuando pienso en PINARES, es antonomasia.

Mi historia no es corta en la búsqueda de soluciones para lograr equilibrio en mi salud mental, son ya 25 años incesantes de visitas a clínicas y centros, de búsqueda de apoyo en sacerdotes y chamanes, de una larga lista de psiquíatras y psicólogos, de toxicólogos, de grupos como AA y hasta de neuróticos anónimos.

No podría decir que todo fue fallido, y tal vez lo más importante que rescato es haberme quitado de encima el lastre que casi me fue impuesto como de un alcohólico puro, un alcohólico que  exacerbado se tornaba depresivo. Encontré entonces, y por mi propia cuenta que el trastorno lo definió un buen  médico español como en el cuento del huevo y la gallina: ¿qué fue primero?,  lo mismo que sucede entre el alcohol y depresión. A mi particularmente me ayudó mucho haber encontrado esa dualidad que por lo menos ya hacia presentir y hacia visible la depresión como una condición, para mí fue bueno, me mantuvo un tiempo largo en los entornos familiar, laboral y social; por lo menos tenía la duda de lo que me ocurría,  yo no pensaba así. Sabía que el alcohol era una consecuencia y no una causa,  que era antecedido por la depresión.

Pudiera quedarme años relatando precisamente año a año el calvario en el que se convirtió mi vida, en el que las ideas suicidas hacen parte de la vertiginosa carrera que pareciera la del nunca jamás, debo reconocer que hace unos 5 años tuve en gracia contar con un psiquíatra que por lo menos hablo de mi depresión sin más apelativos y sin más arandelas.

Para mí no era suficiente, sabía en mi interior la certeza de que había algo más; fue en noviembre 2017 y en un estado que califico de enajenación, cuando llegue por primera vez a PINARES. Mi familia de manera consensuada, opto por ella como la mejor opción.

En mi estado clínico ( y ya acostumbrado a tantos sitios de Medellín y Bogotá) fui trasladado de la clínica Las Américas a Pinares; recuerdo en medio de la confusión de mi mente, que al ver la portada me produjo terror. De allí en adelante no tengo recuerdos creo que hasta el segundo día de mi estancia cuando fui visitado en mi cuarto por el psiquiatra y director científico de la clínica;  su trato no invasivo de inmediato me produjo confianza, un poco de esperanza, con el transcurrir de los días el receso inicial había desaparecido. Todos sin excepción, me llamaban por mi nombre;  hablo del personal clínico y de servicios generales. Con el psiquiatra me pude ver a diario y definitivamente lo que más aprecio de su consulta es  que jamás fue inquisidor con sus palabras y menos lo fue con un diagnóstico apresurado  como los que estaba acostumbrado a recibir.

Es grato encontrarse en los pasillos o en los jardines, en las actividades personalizadas de mejora personal y en las muchas lúdicas con personas que no indagan que no juzgan. Que simplemente cumplen exitosamente su tarea, sin opinar o afirmar.

Eso hizo que me sintiera en un ambiente familiar y detalladamente clínico, atendido profesionalmente y cálidamente entregado.

PINARES marcó una nueva etapa en mi vida, tan estigmatizada y tantas veces juzgada, no me abrumó el diagnostico final del siquiatra al contrario me aseguró, por fin sabía que tenía: soy afectivo bipolar con depresión.

También se me hizo entender que se trata de un estado crónico, sin posibilidad de garantizar una sostenibilidad futura. El diagnostico general recibido del psiquiatra me alivió por completo,  y aunque no es fácil de asimilar -como supongo sea con otra enfermedad crónica- lo que hoy si puedo asegurar que pude dejar atrás 25 años de dolor.

Este noviembre, en 2018 tuve una fuerte crisis y  un nuevo internamiento, esta vez la portada no me pareció aterradora si no que en cambio, pude ver su madera pálida.

Todos aquellos que me atendieron, de una u otra forma, de nuevo me llamaron Manuel.

Mi cuarto por casualidad fue el mismo y la meticulosidad ya familiar para mí  reveló que de nuevo estaba en el lugar indicado.

Por eso no pude decir pinares sin decir al tiempo: tranquilidad;  la que yo recobre allí, en las bellas y cómodas instalaciones, pero sobre todo la que me dio un diagnostico responsable y humano.

Por: Manuel Posada.

 

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